Mamá

 Hoy (10/07/2025) me enteré tu historia de vida, tu triste historia de vida. A los 13 años, estabas viviendo en Ciudadela junto a la familia Flores  en TU CASA (la mitad comprada por el abuelo), cuando falleció tu papá de cancer de próstata, de la noche a la mañana, su tía Olimpia con quien compartía la casa, hechó a su madre , separó a los 6 hermanos de los cuales, una todavía no se sabe nada (la negra).

La madre, Ana Ayde Gómez, una mujer que no sabía leer ni escribir, la echaron de la casa (pensabamos que había abandonado a sus hijos pero no fue así), se quedó sin marido y sin hijos. Los niños, separados abruptamente, los bienes materiales robados  y los chicos más grandes trabajando para que los tíos se queden con todo. Mi mamá y mi tio Gabriel, se quedaron en Ciudadela, mi tía Lita se fué a vivir a Gualeguaychú, mi tío Pablo terminó en Gualeguay y de Eva y la Negra, no se supo nada.

El padre Olimpio Jesús Hereñu, oriundo de Entre Ríos, hacía escuelas en Federación en el gobierno de Perón. Cuando ese trabajo terminó, se puso una casa de fotos y dos propiedades en Gualeguay. Su hermano, lo convenció de vender todo y comprar en Ciudadela y compartir la casa con Olimpia, su sobrina.

Los Hereñu fueron familia patricia en la zona de Entre Ríos, tenían sables, medallas de las batallas realizadas y todo lo vendieron a un señor en Córdoba. Hasta el reloj de bolsillo del padre se quedó el "viejo de mierda".

La situación en esa casa era de suma violencia, "el viejo de mierda" le pegaba a Olimpia (la tía) y se la pasaba gritando y pegando a sus hijos.

Mi mamá empezó a trabajar a los 13 años, reparando rollos de tela de gran calidad a traves del surcido. Cuando a la tela le tenía una falla, ella tomaba un hilo de la tela para sacar hilos y reparaba esa falla rearmando la trama, cuando se teñia la tela quedaba impecable. A los 14, empieza a trabajar repujando cuero con un escultor, ahí conoce al gran Perlotti, que trabajó para él hasta los 16 años. A los 16, entra a trabajar en una fábrica de lenceria, ahí conoce a Agélica una compañera de trabajo de casi la misma edad, que entablaron una amistad. Mi mamá le contaba el calvario que vivía en esa casa y su mamá decide adopatar a Maria Elena (mi mamá) con tutoría legal y todo, al fin una familia amorosa. A los 21, venden la casa que alquilaban y se tuvieron que separar, pero la mamá de Angélica se ocupó que estuviera protegida, fue a pedir un lugar a un hotel de estudiantes para señorita, ahí conoció a "La turca" una señora mayor que la terminó cuidando como si fuera su hija, compartía el cuarto con dos chicas, una estudiante de medicina y otra de abogacía que la llevaba de oyente a las clases para incentivarla a que estudie.  Por ese entonces se hizo amiga de Chaparra y se la pasaba todo el día en la casa, cocinaban, salía. Todo ento en el barrio de Boedo. 

Angélica tenía un hermano que navegaba, y era amigo de Alberto, sí mi papá. Se conocen y empieza una historia de amor, que no fue color de rosas.

Con el tiempo

Lo demás historia conocida.


Amanecer

Adentro la fiesta continuaba, nosotros escapamos a los jardines, debajo de la palmera iluminada nos empezamos a besar tímidamente, luego el encuentro se volvió mas acalorado. Nos fuimos despojando primeramente de los zapatos, después el fular voló por los arbustos, el moño negro del jacket quedó colgando en el cuello, las manos furtivas empezaban a recorrer los cuerpos. Ya con el cierre bajo y la pollera arriba, escuchamos pisadas y risas. Corrimos a escondernos en una arboleda mas tupida, las voces pasaron cerca, pero no nos vieron. La adrenalina de ser descubiertos nos despertó más el deseo, se volvio todo tan intenso que no volvimos hasta el amanecer.


Foto: Florencia Marchese


Portón

Desde el portón arrumbrado veo el jardín dónde alguna vez fuimos felices. Corríamos incansables entre los árboles, jugábamos a las escondidas y a la mancha. Solo se detenía la diversión cuando salía la abuela con la chocolatada y las galletitas recien horneadas. Todos corríamos a abrazarla y a merendar para recuperar fuerzas. Hoy solo quedan ruinas que son salvadas por el recuerdo.


Foto: Florencia Ochoa


Final

Estaba mirando fijamente el techo, como giraban las aspas del ventilador, un wiskie en la mano, un cigarro en la otra, los libros desparramados en el suelo y yo sin poder encontrar una solución. Las luces se volvían más difusas, mis pensamientos caóticos y mi cuerpo cada vez más laxo, se me aflojaron las manos y mi cabeza se desplomó. Ahora entiendo todo, el final estaba cerca.

 

Foto: Mercedes Malmierca

Selfie

 VAMOS A INMORTALIZAR EL MOMETO! dijimos mientras sonreíamos de oreja a oreja y sacabamos la selfie. El tiempo pasa irremediablemente, y dejar registro de la alegría, del amor y de la vida es lo más preciado. Todo lo demás se va, solo quedan para siempre los recuerdos de los momentos en que fuimos verdaderamente felices.

  • Foto: Mar Chiquita

Sentidos

No hay nadie, o casi nadie alrededor. En mi soledad tomo mi guitarra, compañera de aventuras, afino sus cuerdas, y empiezo a tocar. Con su sonido me abstraigo del mundo, no me importa el público, ni los aplausos, ni los elogios, solo me importa la sucesión de notas que forman la canción. Eso completa mi alma, eso le da sentido a mi vida.


 

Morgana Garcia Barthe

Castillo Encantado

Desde el jardín miro la casa dónde pasé tantos veranos, tantos juegos, tanta vida. Esa cúpula triangular me despertaba fascinación, definitivamente, era mi castillo. Entre las nubes grises imaginaba que aparecía un dragón para que pudiera subir en su lomo y dar unas vueltas. También imaginaba que con reluciente armadura y blandiendo una espada iba arriba de un caballo blanco para cuidar los límites del reino. Desde esa cúpula jugaba a ser princesa y me peinaba mis largos cabellos para atarlo y llenarlo de flores. Hoy solo observo, hoy solo recuerdo.


Foto: Monica Jurjevcic