Una noche de luna llena, de cielo cubierto de estrellas, ella dijo sin pensarlo las palabras justas y un caprichoso hechizo que los seguía de todos los tiempos fue conjurado. Se veían todos los días, disfrutaban juntos del aire libre, de la noche porteña y de la entrega al fragor de las sábanas. Pero había un día en la semana, que irremediablemente, se peleaban. Ambos contribuían a que el destino cumpla con su función de separarlos. Las peleas duraban poco, siempre alguno de los dos se acercaba y todo volvía a comenzar, para que el hechizo vuelva a atraparlos indefectiblemente. Hasta ese momento, no percibían la jugada de la vida, simplemente se dejaban llevar por el tiempo. Pasaban los meses y siempre sucedía lo mismo, el mismo día.
Lentamente ella, se empezó a dar cuenta de lo que sucedía, y pensando que podía para ganarle la jugada, empezó a buscar estrategias para evitar todo tipo de contacto en la fecha indicada. Evitaba mandar mails, apagaba el celular, se hacía negar ante los llamados telefónicos y evitaba verlo sin importar el motivo del encuentro. Pero cómo el destino es difícil de engañar, empezó a jugar malas pasadas en el día de la víspera. Cuando los Lunes se quedaban entrada la noche, siempre algo sucedía e inexorablemente terminaban peleados. Pero cómo no se daban cuenta como romper el hechizo, las peleas duraban más tiempo que al principio. Hasta llegaron a estar un mes entero peleados, juntarse los lunes para el martes comenzar a pelear nuevamente. Desesperada, consultó a una sacerdotisa y esta le dijo que el hechizo se terminaba cuando él se diera cuenta de lo que pasaba el día Martes.
Cuando este se rompiera, ambos serían felices para siempre. Entre tanto él solo se ocupaba de solucionar los desórdenes que provocaba, tratar de entenderla a ella para no cometer los mismos errores. Se vestía todos los días distinto, se perfumaba con fragancias exóticas, busca complacerla comprándole regalos, invitándola a comer a los mejores restaurantes, llevándola de paseo. Sabía claramente que la amaba y que no quería separarse de ella, no soportaba la idea una nueva pérdida en su vida.
Cuando este se rompiera, ambos serían felices para siempre. Entre tanto él solo se ocupaba de solucionar los desórdenes que provocaba, tratar de entenderla a ella para no cometer los mismos errores. Se vestía todos los días distinto, se perfumaba con fragancias exóticas, busca complacerla comprándole regalos, invitándola a comer a los mejores restaurantes, llevándola de paseo. Sabía claramente que la amaba y que no quería separarse de ella, no soportaba la idea una nueva pérdida en su vida.
No se daba cuenta que estaba poseído por el embrujo del día Martes y buscaba las causas en la cosas mundanas. Se declaraba agnóstico, solo creía en él. Ella no sabía cómo hacer para que la escuchara. Le contaba cuentos de hechizos fantásticos en dónde los protagonistas se peleaban el día Martes, escribía poesías contándole lo que sucedía, conversaba largamente sobre la teoría sobre la razón de las peleas. Pero todo era en vano, no quería escuchar.
Pero como este hechizo venía de vidas pasadas, para romperlo, tenían un lapso de tiempo, en el cual él debía darse cuenta, obviamente esta cláusula extra no la conocían. El esfuerzo denodado de ella no alcanzó para que él, dejara su terca obstinación y comprendiera de lo sobrenatural de los acontecimientos. El despiadado destino, que nada entiende de amor, hizo que el plazo se cumpliera y el hechizo, casualmente conjurado lograra su maldito objetivo.
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